¡Hola gente! acá va lo que escribí sobre "el tipo con cara de nabo". Espero que sigan publicando y comentando, que como siempre les digo, este espacio es de ustedes. ¡Un abrazo grande para todos!
¡Con la abuela no se jode!
Era un domingo especial, che, justo el cumpleaños de la abuela; y la boluda de mi tía no tuvo mejor idea que llevar a su novio. Y el problema no era que llevara al novio, porque esas son cosas que pasan frecuentemente, sino que no se diera cuenta que ese nabo era todavía más boludo que ella. Me acuerdo y me indigno, ¡arruinar así ese domingo!, y la cara de la abuela, pobrecita. El tipo llegó y se instaló como pancho por su casa, saludo de acá, manotazo de allá, y yo pensando ¡pará flaco!, ¿quién te creés que sos para andar tan confianzudo? Se me acercó y me chantó un abrazo que casi me quebró las costillas, y yo pensaba ¡pero tomátelas boludo, andá a cambiarte esa cara de nabo! El tipo parecía inofensivo pero a mí, desde el vamos, me dio mala espina. Y dicho y hecho che. Lo primero que hizo fue escupir como un guanaco, y eso en otro ámbito vaya y pase, ¡pero justo en la casa de la abuela!, yo ya tenía ganas de trompearlo. Y después, para hacerse el amigo, empezó con la tanda de chistes, pero no chistecitos inocentes, no, ¡chistes más verdes que la mierda! La abuela, pobrecita, se tapaba los oídos, todas las mujeres escandalizadas mandando a los chicos afuera, mis primos medio cagados de risa, pero yo indignado che, se pasó de vivo este tipo. Y después de ese momento escandaloso el tipo desapareció. Y yo, que ya lo tenía entre ojos y quería saber qué carajo estaba haciendo, lo encuentro al muy hijo de puta meando la begonia de la abuela, ¡justo la begonia! El tipo me vio y se percató de mi cara de fiera, porque yo ya tenía el puño cerradísimo de bronca. Entonces el nabo este se guardó el amigo como pudo y empezó a correr. Y yo lo perseguí como cinco cuadras, pero el muy vivo llegó antes que yo a la parada del bondi y si te he visto no me acuerdo. Cuando volví a la casa mi tía lloraba a lágrima tendida. La abuela también lloraba, pobrecita. Confieso que en un primer momento creí que lloraba por la tía, pero después me di cuenta que la tía le importaba tres pitos, que la pobre vieja en realidad lloraba por su begonia: ¡ay, nene, mi begonia que antes era una plantita feliz, ahora no es más que una plantita triste de meo!
Gisela
El odio
Hace 3 años
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