lunes, 2 de mayo de 2011

Malena

Hace tanto tiempo que nadie sube nada, que pensé en subir el cuento que surgió de la consigna de hoy, pese a haberlo subido también en mi blog. Me gustó mucho la consigna esta vez.
MALENA
AUTOR: SANTIAGO GJURATOVICH
Hace ya veinte minutos que ese par de idiotas está parado junto al farol.  Vaya uno a saber que están esperando a esta hora y con semejante frío. También ¿Quién me manda a meterme donde no me llaman? Lo que sea que estos dos estén haciendo no es asunto mío.
Me digo a mí misma que es por los cigarrillos. Hace una eternidad que no fumo, o eso me parece, así que ahora fantaseo con la idea de asaltar a esos hombres y robarles los suyos Había salido con la esperanza de que aún quedara algún lugar abierto donde comprar un atado Una lástima porque ya llevaba casi dos semanas sin fumar y pensaba que esta vez sí iba a poder dejar el vicio.
Pero vi a esos dos tipos ahí parados y me paralicé. Observé desde lejos, oculta en la sombra de una calle en la que la mitad de los faroles estaban quemados. Debí haberme traído el abrigo al menos, con tanta nieve. En esta ciudad ha de nevar una vez cada cien años pero cuando comienza sigue sin parar durante horas. Debo ser la única que se queda afuera con un clima como este, aparte de ese par de idiotas, claro está.
No los veo bien, voy a acercarme un poco a ver qué pasa. A esta distancia alcanzo a ver sus rostros, que me hacen pensar en bustos de piedra o de bronce. Más que viejos, los tipos parecen antiguos, como si su edad debiera contarse en siglos en vez de años. El que fumaba sigue fumando, parece siempre el mismo cigarrillo. El otro tararea algo, parece un tango.
Me estremezco al darme cuenta: Conozco esa melodía. Es “Malena”.
“Malena” nunca me gustó. Puede sonar extraño viniendo de una mujer llamada Malena pero ¿Qué quieren? La protagonista de ese tango siempre me había parecido demasiado oscura. La gente no dejaba de compararme con ella. Yo misma no dejaba de compararme con ella cuando me veía crecer cada vez más amargada y distante. Temía convertirme en una mujer como esa, que más que un ser humano parecía una moderna diosa de la desesperación.
  Los hombres sacan instrumentos. Por más que lo intento no logro recordar los nombres, nunca fui buena con la música. Pero en el momento en que empiezan a tocar comprendo que los nombres no importan, solo el sonido. Tan solo importa la música. Empiezo a caminar hacia ellos, guiada por alguna necesidad interna que en estos momentos parece mi única necesidad. El resto del mundo se desdibuja: Solo quedan el farol, tres personas y la música.
A medida que avanzo las calles van reapareciendo y cambiando, se vuelven más viejas y a la vez más nuevas. Es decir que los edificios, los faroles y todo lo demás adquieren un estilo cada vez más antiguo, pero también parecen desgastarse en reversa, como si las cosas se acercaran cada vez más a su principio y el pasado renaciera en este instante.
No eran cigarrillos lo que buscaba, sino un vicio mucho más antiguo que todavía no había adquirido Cuando llego al lugar donde los hombres hacen la música, no veo el escenario en que estoy parada, ni a la gente que me observa alrededor. Simplemente empiezo a cantar, con una voz más oscura que nunca, que habla del dolor de todos los instantes antes de llegar a este momento perfecto.
Y así, cantando “con voz de sombra” Malena se esfumó en el inicio.
FIN.

1 comentario:

  1. Buenísimo!!!!!!!!!! me encantó!! sabés que es lo más genial?? que lograste algo que creo te viene atormentando hace tiempo: construir un personaje más que interesante. Encima una voz femenina, que hasta el momento nunca había aparecido en tus textos, al menos en los que leí. Generás un clima muy tanguero y muy fantástico, se va claramente la transformación del personaje y con ella, de toda la atmósfera que la rodea. El martes la seguimos!! Buenísimo de vuelta, abrazos!! Gi

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